Miles y el amor en tiempos de la tecnología

Rodolfo Sánchez Rovirosa

El Dormilón (Woody Allen, 1973) nos lleva a imaginar qué pasaría si repentinamente despertaramos en una época futurista. Eso es exactamente lo que le sucede a Miles Monroe (Woody Allen); un día, al despertar, se da cuenta que está en lugar muy distinto al que dejó al dormirse: las casas tienen una arquitectura minimalista, los autos son eléctricos y hay robots programados para atender las necesidades de los humanos. Como resultado, surge una comedia con una historia de amor sui generis entre Miles y la guerrillera Luna y, sobre todo, una crítica hilarante a la sociedad, sus “avances” y a los movimientos sociales revolucionarios.

Miles es un judío neoyorkino de 35 años, copropietario del restaurante La Zanahoria Contenta y clarinetista en la Jazz Ragtime Band. Los EUA del 2173, son muy diferentes a lo que él había conocido; en primer lugar, ya no existe Nueva York, ya no hay ciudades, sino Distritos o Centros Poblacionales; en segundo lugar, la población está dividida en dos, los asimilados a la sociedad, a quienes se les otorga un trabajo y una casa, y los no asimilados, que viven en la marginalidad huyendo siempre de no ser uno más.

Además de tratar de asimilar lo que le ha ocurrido, Miles debe comprender el nuevo modus vivendi de la sociedad actual y su situación política. Woody Allen, como director y actor, aprovecha esta situación para crear un ambiente humorístico (gags), lleno de sátiras políticas y filosóficas para exaltar el valor de lo humano en su dimensión personal. 

Aunque la historia cuenta sólo algunos días en la vida de Miles, durante ellos lo vemos pasar de la alienación y sometimiento a su liberación. Está relatada de forma lineal con algunas líneas argumentales intercaladas en su trama; por ejemplo, el autoritarismo del Gran Líder y los planes de los rebeldes que se organizan para derrocarlo. En medio de todo esto surge el amor entre Miles y Luna.  

Allen ha diseñado una puesta en escena futurista y minimalista organizada en espacios generales y subespacios, así, la ciudad nunca se ve, sólo es sugerida mediante subespacios perfectamente diferenciados como son edificaciones indeterminadas, un laboratorio científico, casas habitación particulares, calles, la fábrica de robots, el lugar de trabajo de Miles, un McDonals, los autos modernos para uso particular, la policía o la empresa de robots llamada Domesticón. Por su parte, el interior de la casa del hippie se ha caracterizado para resaltar la personalidad del personaje. 

Durante su recorrido por este mundo, Miles, que está siendo perseguido, se disfraza de robot doméstico y conoce a Luna, una habitante asimilada de esta sociedad en la que predomina la tecnología y a la cual trata de salvar, entonces surge el amor. Más adelante, Miles es aprehendido y asimilado a la sociedad y Luna huye al bosque para adiestrarse con los rebeldes. Todo lo que ocurre hasta este punto provoca en el espectador un juego de emociones y expectativas.   

Finalmente, en el desenlace, los rebeldes tratan de involucrar a Miles en su plan, al que llaman Venus, para impedir la clonación del Gran Líder con su Nariz. Así, cuando está a punto de llegar el triunfo del movimiento revolucionario, Miles Winston y Luna deciden escapar en un auto antiguo, un Volkswagen Sedán, como una clara crítica a la dependencia de la tecnología, así, triunfa el amor. La plática entre Luna y Miles es aleccionadora, principalmente en torno a la incredulidad hacia cualquier sistema político, pues intuyen que al final de cuentas todo será un círculo vicioso y el nuevo líder revolucionario Erno terminará exactamente igual que el Gran Líder, ¿qué queda entonces?

Referencias:

Grossberg, Jack et al. (productores) y Allen, W. (director). (1973). El Dormilón [cinta cinematográfica ]. Estados Unidos: Jack Rollins Charles & H. Joffe Productions


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