Entre héroes y villanos. Joker, el renacido

Entre Héroes y Villanos. Joker, el Renacido

Octavio Barreda Hoyos

Joker Renacido en el Cine

Héroes y villanos están siempre presentes en el imaginario colectivo. Los primeros representan los valores y virtudes que el mundo desea, aunque no los ponga en práctica. La ética y moral inquebrantables de los héroes ejemplifica “lo que los seres humanos deberíamos ser”. Son muchas las hazañas de los héroes: desde Aquiles, Ulises, Héctor, el Cid, Roldán, Beowulf, Arturo, Tirante el Blanco, Amadís de Gaula, hasta los superhéroes de hoy en día como Superman, Batman, Ironman y Spider-Man entre otros; pero todos ellos tienen en común un objetivo: erradicar el mal que amenaza a su sociedad, que, para los superhéroes, está encarnado en los villanos.

Si bien el discurso melodramático (la lucha del bien contra el mal) es una constante en las narrativas heroicas, que convierten al maniqueísmo, la divinidad, el poder sobrenatural y la lealtad en esperanzas públicas y personales, es precisamente en este tipo de historias donde la venganza cobra tintes positivos, pues “los buenos” (los héroes) se imponen sobre “los malos” (los villanos) y la sangre carmín granada derramada, parafraseando a Lady Mac Beth, lleva el corazón tan blanco.

Antihéroes y villanos

Pero demás de los héroes y villanos, también existen los antihéroes; el más célebre nace en el año 1604 o 1605, cuando se publica en España Don Quijote de la Mancha, la celebérrima novela de Miguel Cervantes Saavedra. Este texto prodigioso sigue encantando a los lectores, no por las tautologías escuchadas hasta la saciedad, sino por su insuperable humanidad, porque Cervantes nos ha dejado un personaje de carne y hueso, parecido a cada uno de nosotros.

Encontramos en el Quijote, sin duda alguna, otro tipo de discurso. ¿Cuál es mejor? Ninguno, por supuesto, pues héroes y antihéroes tienen su propia simbología, sus propios signos que nos explican, a su manera, la vida; es más, Don Quijote quiso emular a sus héroes y convertirse en uno de ellos, buscó luchar contra los malvados y vencerlos, pero era un simple ser humano, y esto le acarreó la burla de todos. ¿Metáfora realista? ¿Todos somos un Quijote? He ahí la tragedia de héroes, superhéroes y antihéroes: querer ser lo que los demás no son.

No obstante, la lucha de estos personajes no tendría razón de ser sin los villanos, los otros, la oscuridad latente, el mal o como queramos llamarlos. Demonios, brujas, moros, herejes, fascistas, nazis, escorias, terroristas, Lex Luthor, Darth Vader, Loki, Hannibal, Lord Voldemort, cualquiera de ellos, merece nuestro menosprecio, aunque para muchos, son merecedores de admiración. Pero ¿en qué radica este fenómeno de aprecio a los villanos? En su innegable carisma e inteligencia, porque no existe un villano o una mafia que no cumpla con la condición de inteligencia. Mientras que muchos de nuestros héroes pecan de anodinos, fieles y exagerados, los villanos muestran sus talentos y decisiones sin dudar, pues tienen objetivos definidos; esto es lo que los hace encantadores o repulsivos, pero nunca indiferentes.

El más grande villano

De entre todos los villanos, quizá el más grande es Joker (Comodín o Guasón), pues su maldad proviene de las oscuras tinieblas de la vejación. Aparece en 1940, en el primer ejemplar del comic book Batman, creado por Bill Finger, Bob Kane y Jerry Robinson y publicado por DC Comics; desde entonces, este astuto criminal se erigió como el principal enemigo del hombre murciélago y de Gotham City. Sádico, despiadado, humorista infernal, retorcido hasta los huesos, Joker representa la falta de límites a los que un ser humano, desprovisto de amor, puede llegar.

Si bien, este personaje, en sus diferentes representaciones televisivas o cinematográficas, ha tenido distintos matices –bromista simple y hasta bonachón (César Romero); óscuro y despiadado (Jack Nicholson); anárquico y caótico (Heath Ledger[1]), locuaz hasta la saciedad (Jared Leto)– es en los cómics (ha muerto, renacido, va de un lado a otro) donde, en mi opinión, podemos encontrar los mejores antecedentes de la siniestra vida de este hombre, como lo referente a su apariencia física: la piel blanca, el rostro desfigurado, los labios rojos y el cabello verde, consecuencias de una caída accidental del criminal en un recipiente de químicos.

Pero lo que hace más temible a Joker es que no necesita habilidades sobrehumanas para llevar a cabo sus crímenes, pues recurre a su ingenio, lo que lo hace terrestre, cercano, ya que no representa la maldad metafísica, sino aquella a la que cualquiera de nosotros puede acceder, la que existe latente dentro de todos y puede despertar en cualquier momento. Si todos, de alguna manera somos Don Quijote, también todos podemos ser un Guasón, de ahí lo temible de esta personalidad.  

 La creación de Phoenix

La película Joker (2019), dirigida por Todd Phillips a partir de un guión escrito junto con Scott Silver y protagonizada por Joaquin Phoenix, fue acogida por la crítica de manera positiva. Su protagonista es digno de un estudio más profundo por parte de la sociología: un Joker que toca los límites de la repugnancia y el encanto, pues muestra facetas que van de la lealtad a la psicopatía: Arthur Fleck (Joker) es un hombre que, acorralado por las circunstancias y por una sociedad hambrienta y despiadada, se convierte en un criminal cuyos delitos poco a poco le otorgan seguridad, consuelo y le dan cabida en un mundo al que se siente ajeno.

Dice el filósofo Slavoj Zizek que “la película Joker representa una imagen del nihilismo oscuro destinado a despertarnos mediante cambios radicales”,[2] y sí, este personaje comienza a negar todas las cosas que lo han negado, es un ser sin rostro, una víctima social que encuentra en la sin razón la forma de pertenencia. Quizá por eso esta nueva versión del villano ha logrado tocar fibras sociales como pocas veces se ve en el cine y su anécdota nos recuerda películas como La noche del cazador o Taxi driver, en las que la mente humana es capaz de las más abyectas situaciones.

Esta película ha sido considerada por algunos críticos como una analogía entre marxismo (Joker) contra capitalismo (Batman). En ella todo es poderoso: el guión, la fotografía, las actuaciones, pero más poderoso aún es su final, anticlimático, abierto, desmitificador de la propia saga; a partir de este desenlace, Joker puede comenzar sus fechorías, o, simplemente, despertar de un sueño. A final de cuentas, héroes, superhéroes, antihéroes o villanos pertenecen al imaginario colectivo, ese que recuerda, ama, odia, desea, admira, reprocha, imagina y después olvida.


Notas

[1] Por este papel, Ledger se hizo acreedor a un Óscar póstumo en la categoría de mejor actor de reparto y esta fue la primera vez que una película de superhéroes obtuvo esta distinción.

[2] en RT, (05 de noviembre de 2019). Recuperado el 15 de enero de 2020, de https://actualidad.rt.com/actualidad/332587-filosofo-afirmar-joker-exponer-problemas-orden

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